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  • Borja Ordóñez García

SINFONÍA DE CARAMELOS


¿La sinfonía más interpretada de la historia?


Los pasados días 1, 2 y 3 de Diciembre estube con la Orquesta Sinfónica de Bankia de gira por Castellón, Alicante y Valencia. Una semana para recordar después de casi un año sin poder tocar con mis compañeros por estar trabajando con la Banda Municipal de Santander.


Interpretamos la obertura de "Los esclavos felices" de Arriaga, el concierto para flauta y orquesta de Mozart y para terminar la 3ª Sinfonia "Renana" de Schumann. Como propina Gabriel's oboe en el que la orquesta entera se lució haciendo saltar las lágrimas del público.

La piel de gallina.

Qué placer tocar con estos musicazos. Es increíble que una orquesta que ensaya tan poco suene con tanta calidad. En mi opinión esto se debe a una fácil suma:

Calidad individual+Experiencia+Juventud= ÉXITO

Pero este tema lo trataré más adelante.


En el primer concierto pasó algo que me llamó la atención por encima de todo.

Auditorio de Castellón, un escenario bonito a la par que moderno. El público tiene la oportunidad de sentarse en un lateral del escenario y estar más cerca de la acción. Todo perfecto hasta la propina, empiezan las cuerdas los primeros acordes que dan pie a esa maravillosa melodía que el maestro Morricone nos regaló, cuando de repente una de las 3 personas sentadas en el lateral empieza a abrir un caramelo... No podía ser durante los aplausos terminados apenas 30 segundos antes...


Pasaron los conciertos y volví a casa, y coincidió que ese día fuí al Palacio de Festivales de Santander a ver "El Messías" de Händel, intepretada con instrumentos originales por "Instruments of Time and Truth" bajo la dirección de Edward Higginbottom.


La orquesta no me consiguió impactar, quizás por venir ese día de tocar con quien había tocado, varias desafinaciones y algún ataque impreciso, pero una dirección exquisita, sentí eso que muchos de nosotros hemos sentido, una voz de dentro que te dice "me encantaría tocar con este director" o "pagaría por que me dirigiese". Pero mayor fue la sorpresa cuando apenas unas filas delante de mi se levantó un coro repartido estratégicamente por la sala para cantar varias partes de la obra, coros amateurs bajo la dirección de unos brazos que lo tenían todo controlado y una boca que indicaba el comienzo de la letra a cada una de las voces del coro.


Palacio de Festivales lleno, ni una butaca vacia, 1670 personas disfrutando de una obra que se compuso en apenas 3 semanas y que hoy está tan presente que hasta el más alejado de la cultura musical es capaz de el Hallelujah de Händel.


Justo antes de entrar un hombre, amigo del grupo que íbamos al concierto, tras una charla nos ofreció de forma muy educada caramelos para el espectáculo. Si, caramelos de menta que llevaba en una bolsa a granel. En ese momento comprendí que la gente come caramelos en los conciertos cual pipas en un partido de fútbol.


En definitiva, está claro que debemos cambiar cosas en los conciertos. Soy el primero en intentar algo nuevo en cada uno: mezcla de artes, explicación del espectáculo para llegar más a la gente, electroacúsitica,... incluso veo un problema que no se permita hacer fotos o grabar en los conciertos. Pero no se puede luchar contra la sinfonía más interpretada de la historia, la sinfonía de los caramelos.


Y no tengo nada en contra de los caramelos, no creo que sean el problema.

El problema es la educación musical que tiene nuestro país.


Pero ese es otro tema...








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